¡Siente!

12 julio, 2020

La sociedad nos invita a mostrar ciertos talantes y a ocultar o negar los demás.

En muchas culturas del mundo actual se nos enseña desde pequeños que dejarnos arrastrar por ciertos sentimientos o emociones no es bueno, sobre todo en público. Se nos conmina a ocultarlos o evitarlos, y se nos critica abierta o discretamente por mostrarlos. Incluso en las redes sociales parece existir la norma no escrita que compartir estados de ánimo negativos será penalizado por el público o los seguidores. La sociedad nos invita así a mostrar solo ciertos talantes y a ocultar o negar los demás.

Incluso desde las filas de los supuestos maestros del vivir, gurús, profesores y guías existe una cierta corriente que nos anima a creer que la iluminación se alcanza cuando dejamos de sentir; cuando la ecuanimidad y la paz absoluta son nuestro estado habitual. Se nos dice que solo en ese estado de insensibilidad estaremos llegando a conseguir un supuesto avance en nuestro desarrollo como seres humanos.

Y sin embargo, ¡sentimos! Yo prefiero plantear una alternativa diferente. En mi humilde opinión, los sentimientos y las emociones forman parte del ADN del ser humano, de qué o quiénes somos. Negarlos, ocultarlos, evitarlos, ningunearlos al fin, es deshumanizarnos y convertirnos en una cáscara vacía de nuestra propia esencia.

Las emociones nacen de los pensamientos, conscientes o subconscientes

La cuestión no es tanto no sentir las emociones y los sentimientos, sino dominarlos; tomar el control sobre ellos. La humanología nos explica que las emociones nacen de los pensamientos, conscientes o subconscientes, que no son más que conexiones neuronales establecidas en nuestro cerebro sobre la base de nuestras creencias. Así, si yo creo que los perros son peligrosos y veo que se acerca uno, mi cerebro conectará esa realidad con la interpretación que yo le doy, causando la emoción del miedo en mí. Incluso cuando no sea del todo consciente de haber visto al animal. En el momento que me apercibo de sentir esa emoción, esta se convierte en sentimiento y es a partir de ese momento cuando puedo tomar el control.

Los sentimientos no son buenos ni malos

Esta disciplina nos explica asimismo, que los sentimientos no son buenos ni malos en sí, que lo único que nos limita es no poder controlarlos. Cuando perdemos las riendas y nuestros sentimientos se expresan en momentos que no los deseamos liberar es cuando tenemos una situación que nos limita.

Los seres humanos no podemos controlar nuestras emociones pero sí nuestros sentimientos.

Para manejar nuestros sentimientos, los seres humanos disponemos de diferentes mecanismos, algunos innatos, otros aprendidos. Cuando el pensamiento termina evolucionando hasta formar un sentimiento en nosotros, en nuestra mano está centrarnos en él y permitirle crecer hasta dominarnos o no, como ocurre por ejemplo con la rabia que siente un niño pequeño al no conseguir lo que quiere. Si no se distrae con un pensamiento alternativo, su sentimiento de enfado crecerá hasta desbordarle. La mayoría de los seres humanos conocemos ese mecanismo y lo utilizamos a diario pero hay situaciones, por diversas causas, que llevan a algunas personas a no hacer uso de él. Así, sus vidas pueden estar dominadas por pensamientos y sentimientos indeseados y ellas sentirse indefensas o impotentes para controlarlos. Lo positivo de esta situación es que el proceso se puede aprender. Todo ser humano sano puede tomar las riendas de su mente si se le enseña cómo.

Otro mecanismo que podemos utilizar en caso de sensaciones indeseadas es manejar mejor las creencias que acaban causando los pensamientos en nosotros. Si mi interpretación de los peligros que entraña un perro me limita o me causa tanto temor que, por poner un caso, no puedo salir de mi casa sin compañía, tal vez haya llegado el momento de trabajar con la creencia que la origina para cuestionarla y tal vez cambiarla. Una vez más, se trata de un proceso que un buen profesional puede ayudar a las personas a realizar.

En muchas ocasiones las personas pierden el control de sus sentimientos paradójicamente por un exceso de control. Cuando nos acostumbramos a ocultar y negar ciertos sentimientos, estos no se diluyen en la nada sin existir. ¡Qué va! El ejemplo más sencillo de comprender es la risa. Cuando la hilaridad nos domina y realmente somos presos de ella, intentar cortar la risa solo hace que se exprese con más fuerza. Intentar dominarla en ese momento suele ser tarea harto difícil y en muchos casos contraproducente, causando hipos y contracturas. Por el contrario, cuando la risa se agota por sí misma, expresándose en su totalidad, la persona experimenta una sensación de placer y serenidad absolutos. Lo mismo ocurre con todos los sentimientos. Cuando sentimos rabia, ira, tristeza o dolor, nuestro sistema nervioso central libera en nuestra corriente sanguínea una serie de productos químicos asociados a esas interpretaciones. Así, liberará entre otros cortisol y adrenalina cuando tenga miedo, o testosterona cuando se enoje. Si pasamos mucho tiempo anclados en un sentimiento determinado, como ocurre con las personas que padecen ansiedad o no controlan su ira, la cantidad de producto químico liberado por su sistema nervioso central será tan grande que no la podrán procesar adecuadamente, produciéndose una acumulación excesiva que podría causar incluso enfermedades físicas o mentales.

Es por ello que la humanología recomienda a las personas permitirse sentir sus sentimientos completamente, hasta que se agoten, y así manejar la liberación de esas sustancias, pero hacerlo de manera controlada. Cuando nos permitimos liberar la ira, la tristeza o la culpa de forma pautada y tomando el control, aprendiendo a la vez a no darles salida el resto del tiempo, comenzamos a tomar las riendas y manejamos los sentimientos impidiendo que ellos nos manejen a nosotros. Una herramienta útil para este cometido es la que creé hace ya algunos años, las «cajas de tiempo,» y que tan fantásticos resultados producen. El concepto consiste, de manera muy sintética, en crear espacios y tiempos para sentir los sentimientos. Hacerlo de forma correcta requiere cumplir con una serie de procedimientos pero, cuando se hace bien, la persona aprende a tomar el control. Como en todo, el ser humano puede aprender; solo necesita que alguien le enseñe cómo.

Te invito a que conozcas el programa de desarrollo en humanología que desde el Instituto Internacional de Humanología hemos creado para ayudar a las personas a manejar el estrés y la ansiedad, pasando por el miedo o la angustia. Se trata de un programa de 7 módulos completos que te lo ofrecen todo, incluso sesiones semanales de apoyo. Ya no tienes excusa para dejarte arrastrar y dominar por tus sentimientos. Aprende a tomar las riendas tú. Aquí te comparto el enlace: https://humanology.jessicajlockhart.com/courses/programa-de-humanologia-maneja-tu-estres-y-tu-ansiedad

Porque tú tienes el poder de vivir tomando las riendas.